Miguel Romano, en el salón vip donde atiende a la diva `Susana cambió de maridos pero jamás a su peinador´
El primer piso de su coqueto salón ubicado en el pasaje Anasagasti, en Barrio Norte, es una especie de vip y está destinado exclusivamente a su mejor amiga, Susana Giménez. Una escalera caracol con escalones de madera conduce a un ambiente donde la conductora recibe la atención personalizada de quien es su peinador de confianza, Miguel Romano. Allí, abundan los portarretratos con marcos plateados y dorados y hay una infinidad de fotos que los retratan juntos, una especie de deja-vu de sus cuarenta años de mutua admiración. Dos butacones tapizados en leopardo, toallas con la inscripción en dorado SG, su bata en seda, los cepillos y peines con los que trabaja sus postizos, inclusive, tiene a su disposición una manta roja de cashmere con la que cubre sus piernas cuando tiene frío.
Señala Miguel que el lazo afectivo que lo une a la diva es lo mejor que le sucedió en su trayectoria como peinador, creador y posticero. “Ella cambió de director, de maridos y de productores, pero jamás de peinador. Soy el único que tiene la suerte de estar junto a la número uno de la Argentina y peinarla durante las dos décadas en las que tuvo su programa televisivo. Para mí, Susana es parte de mi vida y no me cuesta cambiarle el look porque la conozco mucho y ése es el secreto para haberle podido realizar, en todos estos años que llevamos juntos, alrededor de tres mil peinados con sus variantes para sus películas, la televisión, los musicales y el teatro. Tal vez suene raro, pero cuando los veo en fotografías, me siento como un pintor que expone sus cuadros”.
—¿Cuándo inauguró el vip para Susana?
—Hace seis años. Es que Susana es tan conocida que llegó un momento que no la pudimos atender más en el salón principal. Por eso acondicioné el primer piso solo para ella. Y el día que le cambio las extensiones pongo una custodia abajo que no deja subir a nadie.
—¿Se quedan solos?
—Con mis tres asistentes. Porque ese día tiene que quedarse unas cuatro o cinco horas que es lo que dura el trabajo. Susana se sienta en el sillón de cuero italiano, se respalda y se pone una almohada atrás para estar cómoda.
—¿Usted eligió la decoración y los accesorios?
—Sí. El mármol del lavatorio es de boticino italiano. Susana tiene su bata y las toallas bordadas con sus iniciales. Además, le regalé dos mantas rojas: una la tiene aquí y la otra, en su camarín. Uno de los cepillos que uso está gastadito, pero es de tanto peinarla. Y como soy cabalero, la peino siempre, primero, de su lado derecho.
—¿Ella usa postizos y pelucas para los musicales y los sketches de su programa?
—A veces, sí. Aunque suelo utilizar su propio cabello con las extensiones porque es más práctico y cómodo. De todos modos, las pelucas de Susana son de la misma calidad de cabello que sus extensiones.
—¿Durante la semana la atiende en su camarín?
—Sí, le lavo la cabeza todos los días y la peino, en este momento, siempre con el mismo estilo. Susana mueve tanto su cabello. ‘Vos actúas con tu pelo’, le digo. Y es así: ella lo ama y se siente feliz. Por otro lado, Susana siempre marcó tendencia en todo porque tiene un gusto maravilloso y es una excelente persona. Jamás ofende a nadie.
—¿También atiende en su salón a Moria Casán, Nacha Guevara y Graciela Borges?
—Sí, son mis amigas. También le cuido el cabello a Catherine Fulop. Pero en este momento estoy trabajando mucho con Nacha porque está ensayando una obra de teatro con Manuel Banderas y pasamos del rubio al morocho con reflejos rojizos. También vino a verme la directora para conversar conmigo acerca de su personaje. Hoy, a un peinador si no le pagás no se mueven ni hasta la esquina. Yo, en cambio, he trabajado gratis a cambio de mi nombre porque el dinero no me interesa. Si me hubiera interesado, hoy, sería el número uno de Hollywood.
—¿Susana le pide que le cuente anécdotas de su vida como profesional?
—Sí. Me pide que le cuente de Tita Merello. Yo le calentaba la tintura porque me decía que le daba frío. Es más, se ríe mucho cuando le digo que me crié en el camarín de Tita y envejecí en el de Susana Giménez.
Publicación semanal de Editorial Perfil S.A. © Copyright 2007. Editora CARAS. Todos los derechos reservados.
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