Con sus veintitrés soldados fue de los primeros en llegar, y daría todo lo que tiene por ser el último director técnico en irse. Carlos Bilardo, manager actual y DT de Diego Maradona (49) cuando dieron la última vuelta olímpica en el mundial del fútbol argentino, allá por México ’86, le dio una gran mano consiguiendo un lugar apropiado y acondicionado para poder cultivar un sueño. Allí, en el imponente predio de la Universidad de Pretoria, el preferido por el seleccionado sudafricano de rugby (los poderosos Springboks) para entrenarse con la infraestructura adecuada, la Selección argentina amasa a fuego lento una ilusión de larga data. Refugiada mejor que nunca, en un predio inviolable para las miradas enemigas o indiscretas, los elegidos por el gran DT tienen todos los condimentos sobre la mesa. Paz, tranquilidad, privacidad y ahora, dentro de pocas horas, la cercana presencia de familiares que comenzarán a llegar.
Pretoria, la capital administrativa de Sudáfrica, está orgullosa de albergar en sus apacibles calles, con sectores que se asemejan bastante a San Isidro, a uno de los candidatos a ganar el Mundial. Y así lo demostraron sus habitantes este domingo, cuando concurrieron en gran número a uno de los estadios de la Universidad para ver a ídolos que nunca ven. Es cierto que el deporte más popular aquí es el rugby, pero el fútbol gusta cada día más. Y así, entonces, las palabras Maradona y Messi empiezan a ser más familiares.
SigueAmables y cordiales como todos los sudafricanos, los pretorianos se van acostumbrando al celeste y blanco que empieza a invadir sus calles Y con su actitud son aliados incondicionales de la gesta que un grupo de argentinos intentará lograr
Ni siquiera las lonas verdes que ordenó Maradona para mantener la intimidad amedrentaron el espíritu de los nativos La curiosidad alrededor del equipo del “Diez” contagia a todos
La forma de convivencia del grupo fue decisión de Maradona, quien designó la distribución de las habitaciones Algunas parejitas, como en el colegio, comulgan complicidad y bienestar, como la que se advierte entre Messi y Verón o Heinze y Mascherano Como habitaciones sobran, tres jugadores duermen sin compañía, y a lo lejos ya se observan banderas argentinas que cuelgan en los balcones
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