Es como si durante mucho tiempo hubiese vivido bajo la sombra de un guión rígido, escrito por otra persona. Es que aquella chica que se casó a los 24 años, no es la misma que hoy relata su vida, lejos de la “solemnidad” de otra época, y mucho más cerca de su esencia.
Hija de una familia pionera en la creación de telenovelas en la Argentina (su hermana Delfina es coordinadora de producción de “Todos Contra Juan” y su hermano “Nacho” es director y tiene una productora), se crió en sets de grabación improvisados en el living de su casa, donde vio las románticas escenas entre Luisa Kuliok y Arnaldo André, en la telenovela “Amo y Señor”. Una tarde, en medio de la biblioteca de sus padres, descubrió el libro “La Dama del Alba” y, casi como un juego, comenzó a germinar en ella la semilla de la actuación. Desde entonces hasta hoy, en el camino tuvo que enfrentar el prejuicio que supone “ser la hija de”, pero prefirió diseñar su ruta y no entregarse a los facilismos que suponía ese rótulo. Despuntó en “Historia de sexo de gente común”, luego hizo “Doble Vida” y tuvo un papel destacado en “Lalola”. En esta última novela, hizo amistad con Luciano Castro y Rafael Ferro (su karma, según bromea, porque participa con él en “Ciega a Citas” y también protagonizarán el filme “Segunda muerte”) y Lola Berthet, con quienes interpretó la exitosa obra teatral “Jack”.
Desde la Isla de CARAS, la actriz dice que no compraría la imagen que vende, que la monogamia es un gran desafío para cualquiera, que de un hombre la seduce su sentido del humor y, aunque no confiesa estar en pareja, admite que se está divirtiendo mucho.
—¿Es verdad que trabajó de periodista?
—Trabajé de periodista en “Aventura National Geographic”, un programa que conducían Magdalena Ruiz Guiñazú y Eduardo de la Puente, y donde me encargaba de la producción periodística nacional. La veta de escribir la usé para el teatro. Ahora con una amiga, Carolina, la hija de Adriana Barraza de “Babel” y esposa de Maxi Ghione, estamos escribiendo una obra de choque de culturas entre la Argentina y México para participar de un concurso.
—Si se tuviera que entrevistar, ¿qué se preguntaría a sí misma?
—(Risas, le divierte el juego). Creo que la actividad del actor puede modificar la realidad y contribuir a la sociedad.
—¿Cómo le hubiese gustado vivir?
—Me gusta la época de los ‘60, en París, y los artistas como Antonin Artaud. Me gustaría vivir con lo básico y no llenarme de necesidades para estar a tono con lo que está de moda, ni ser el actor exitoso, simplemente desearía vivir de lo que hago y generar proyectos creativos para crear conciencia y tener un espacio de docencia y trabajo. No quiero llenarme de vacío. A su vez, no tengo la valentía de marginarme y morir con las botas puestas. Creo que nunca quisiera comprar lo que vendo.
—¿Cómo es eso?
—No compro lo que vende el actor, esa cosa de la vida acomodada y exitosa y del reconocimiento. No me gusta la palabra protagonista porque se pueden hacer muchas cosas sin ser protagonista. No compro lo que vendo en términos de creerte todo lo que te dicen.
SigueCuando llego a casa me junto a cenar con mis amigas y llevo una vida fuera de la pantalla Trato de no tener parámetros, justamente para equivocarme y aprender
—Se casó a los 24 años y se separó, ¿siente que en ese sentido siguió un parámetro?
—Fue un momento maravilloso, justamente el equivocarme Ahí empecé a descubrirme y buscarme, a perdonarme y perdonar Me casé a los 24 con la fiesta y la Iglesia, la facultad y todo eso tenía que ver con un mandato, con que era una chica de San Isidro Y cuando me di cuenta de que me podía equivocar y atravesé ese miedo, fue maravilloso porque descubrí cosas más interesantes de mí misma Me encontré desde la debilidad, y ahí salen cosas interesantes Sin embargo, nunca viví el error como una fatalidad
—¿Es de arrepentirse?
—No me arrepiento de nada, tanto en lo personal como en lo profesional Con mis ex quedó todo bien porque transitamos un camino juntos creyendo una cosa y después nos dimos cuenta que cambiamos nuestras necesidades Entonces, tengo derecho a contradecirme en los próximos 10 minutos (risas) Pero a partir del error se aprenden cosas que fuerzan la personalidad y están buenísimas No con arrepentimiento ni culpa, que es una palabra que se debería erradicar del mundo porque no sirve para nada No me gusta nada de lo que te paraliza A mis 33 años, me empiezo a preguntar cómo quiero vivir, cómo quiero ser como mujer y cómo quiero trabajar
—¿Volvería a casarse?
—No, hoy lo veo como una formalidad porque cuando me separé y me divorcié eran papeles, lo hice en buenos términos y hoy me llevo bien con mi ex Todo lo que tiene que ver con las formas no está cerca de mí, sino todo lo que tiene que ver con la esencia No necesito un casamiento para afianzar una relación No me volvería a casar
Leé el resto de esta nota en la edición 1481 de Caras que está en tu Kiosco.